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Par angel.la-torre le 08/05/11
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1985: Schengen, una pequeña ciudad de Luxemburgo, es escenario de la firma de un acuerdo entre 5 países miembros de la entonces Comunidad Europea (Alemania, Bélgica, Francia, Luxemburgo y Países Bajos). La aplicación de este acuerdo fijada para 5 años después, entró así en vigor a partir del año 1995 creando a su vez un “Espacio Schengen” dentro del cual el control de las personas en las fronteras interiores fue suprimido.

2011: Lampedusa, una pequeña isla italiana de 6 000 habitantes, es escenario del flujo masivo de extranjeros que hacen que su población se duplique en el espacio de algunos días solamente (en febrero último) como consecuencia de la llegada intempestiva de los fronterizos y vecinos tunecinos que luego de la “revolución de jazmín” huían el país magrebí y buscaban por todos los medios llegar a Europa y sobre todo introducirse dentro del “Espacio Schengen”.

En efecto, no hay que olvidar que 22 países de los 27 países miembros de la Unión Europea (UE) hacen hoy parte de Schengen. Lo principal del acuerdo Schengen va dirigido a la supresión de los controles dentro de las fronteras interiores, pero este acuerdo trata también de las reglas que tocan a los procedimientos de la entrada, de la residencia y del derecho de asilo. Asimismo mediante dicho acuerdo se ha creado una base de datos común que tiene como nombre “Sistema de Información Schengen” (SIS).

Ahora bien, en cuanto al último y tan mediatizado problema entre Roma y Paris, este diferendo tiene como origen justamente el flujo masivo de tunecinos a Lampedusa, que acabamos de ver. El país transalpino, sintiéndose sin ayuda de parte de la UE, comenzó a proporcionar permisos de estadía temporal de 6 meses (20 000 según se calcula) para que con este documento, esos inmigrantes puedan trasladarse a otros países europeos y sobre todo a Francia (debido al dominio de la lengua francesa por parte de esta población y a causa de las relaciones familiares y amicales de los mismos en este país). El asunto es que, para respetar el tratamiento de las leyes europeas al respecto, Italia debía exigir de los migrantes un pasaporte válido y que los demandadores justifiquen poseer recursos suficientes para financiar la estadía y el retorno al país de origen como lo exige la UE, lo que no fue el caso.

Este diferendo encontró su cúspide el 17 de abril último cuando París bloqueó por algunas horas el tráfico ferroviario que venía de Italia y que en la Bota se calificó como una bofetada de Paris a Roma así como una violación flagrante a los acuerdos de Schengen.

Para resolver esta fricción entre los dos países, el 26 de abril pasado, Silvio Berlusconi y Nicolás Sarkozy se reunieron en Roma y firmaron una carta común dirigida a José Manuel Barroso, presidente de la Comisión Europea, para pedir que ésta examine la posibilidad de restablecer temporalmente los controles fronterizos interiores dentro del “Espacio Schengen”.

Bruselas ha anunciado luego de este encuentro bilateral que la comisaria europea Cecilia Malmström hará conocer unas proposiciones el 4 de mayo próximo (esta columna ha sido redactada el sábado 30 de abril) con el objeto de “precisar las condiciones dentro de las cuales será posible restablecer temporalmente los controles a las fronteras nacionales”.

Es interesante y paradójico notar que, a contracorriente de esta actualidad franco-italiana, los nacionales de los países del antiguo bloque comunista, ahora miembros de la UE, benefician a partir del 30 de abril de un acceso sin restricciones a los mercados del empleo en la Unión Europea. Una igualdad entre los ciudadanos europeos acordado luego de un período probatorio de 7 años (estos países han sido admitidos en la UE en el 2004). Nos aventuramos a afirmar como una evidencia que los ciudadanos de esos países deben estar ya preparando valijas y los países de destino preferido, como Francia, preparándose a contrarrestar este nuevo flujo de inmigración.

Hay que mencionar también que la Unión Europea ha creado en el año 2004 la Agencia europea para la gestión de la cooperación operacional a las fronteras exteriores. Esta agencia conocida como FRONTEX, acrónimo de “Fronteras Exteriores”, existe desde el 2005 para vigilar las fronteras exteriores de la UE dentro del cuadro de una estructura común. Noruega, Islandia y Suiza hacen también parte de esta agencia.

Por otro lado, muy a pesar del espectacular despunte por parte de Marine Le Pen en los últimos sondajes, especialmente en los sectores populares, el presente debate ha sido sin embargo ocasión para conocer las llaves del mismo y comprobar sin ambages que los prejuicios sobre la inmigración no tienen razón de existir. En efecto, la inmigración no estalla actualmente en Francia como nos quiere hacer creer cierto sector que ya está en campaña para el 2012 y ella no pesa en realidad ni sobre las cuentas sociales ni sobre el mercado de trabajo francés.

Así, según los datos oficiales publicados por el Instituto Nacional de la Estadística y de los Estudios Económicos (INSEE, por sus siglas en francés), así como por la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económicos (OCDE), el flujo neto (saldo de la entrada y la salida) de los inmigrantes en Francia no sobrepasa los 100 000 personas por año (contra 300 000 extranjeros anuales en promedio durante los “locos” años veintes del siglo pasado, por ejemplo) lo que lo ubica como uno de los países europeos que recibe menos de extranjeros al año.

Hay que manifestar asimismo que en razón de la juventud de los mismos extranjeros que llegan hoy día dentro de las fronteras francesas la contribución de los mismos es positiva para las ramas jubilación y salud aunque es cierto negativa en materia del seguro contra el desempleo.

La nueva política del gobierno galo en cuanto a la reducción de la inmigración legal no es sin embargo muy correcta, pues una disminución de la inmigración legal no tendrá como consecuencia una baja del paro y esta afirmación se sustenta en una simple constatación: los inmigrantes aceptan, sin ningún temor, ocupar los empleos poco remuneradores y precarios que evitan desempeñar los demandadores de empleo franceses. La idea que el trabajador inmigrante le robe el puesto de trabajo al trabajador francés es, en consecuencia, una fábula.

Para concluir, hay que remarcar que luego de haber pasado al costado de los acontecimientos en el Magreb francófono y francófilo ahora el Hexágono parece caminar a la inversa del sentido de la historia en el tratamiento del flujo de migrantes de las “facebookianas” (permítanme este neologismo por el rol jugado por esta red social en dichos conflictos) revoluciones acaecidas al otro lado del Mediterráneo.

Maître Angel LA TORRE

Avocat au Barreau de PARIS

Móvil : 06 37 7070 66

E-Mail : angel@la-torre.net

Par angel.la-torre le 01/05/11
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